Cuidé a Matti un finde más, y cada vez que viene me encanto más con ella.
Se nota que está creciendo, es cada vez más obediente y me impresiona como poco a poco su obsesión a la hora de comer va disminuyendo. Merito de sus dueñas que están trabajando con ella. Yo intento ayudar enseñándola a esperar la comida y respetar el comedor de los demás peludos. Pero ¡Matti es Matti y aun tiene una energía sin fin!
Un día Matti se puso malita, empezó a toser mucho por la noche y tuvo episodios de vómitos también. El día siguiente la llevé a mi veterinaria, la misma que llevo a mi Panda y Canela. Tenía un principio de resfriado con la garganta bien inflamada. Le aplicó inyección de antibiótico y anti inflamatorio, y me dio su tratamiento que fue bien efectivo, la misma noche se notó su mejora y ella pudo dormir sin toser casi y sin vómitos.
Pero su condición no era suficiente para detenerla, seguía jugando sin importar nada. Más aún cuando vino Hommer a pasar la tarde. Y por más que intenté separarlos para que Hommer no pillara la tos, era jugar, parar un segundo para toser y volver a jugar. Esta perrita me encanta pues sabe disfrutar ¡aunque tenga un resfriado!
Cuando vinieran sus dueñas a recogerla les expliqué bien y les pasé el tratamiento para que ellas siguieran con él.
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